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Eficaz rescate en
Pirineos
La rápida acción conjunta de montañeros,
soldados y guardias civiles evitó que se produjera una auténtica tragedia
en el Garmo Negro (Panticosa) el pasado fin de semana cuando una brutal
avalancha de nieve húmeda arrastró a una treintena de montañeros. Todos
salieron con vida, incluido el vasco Richard Robles, que permaneció cuatro
horas sepultado bajo la nieve.
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Grupo de Rescate en Montaña de la Guardia Civil en acción.
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Un alud volvió a arrastrar a un imprudente grupo de montañeros
en Pirineos el pasado sábado, concretamente en el Garmo Negro (3.051
metros), Panticosa. Una brutal avalancha, de casi un kilómetro de longitud
y unos 100 metros de frente, arrastró a la mayoría de montañeros que se
encontraban en plena ascensión.
Según el madrileño José Molina, que se encontraba a unos 100
metros del punto donde paró el alud y que participó en las tareas de
rescate desenterrando a cuatro de los sepultados, "la imprudencia de
todos los que se encontraban ascendiendo este tresmil pirenaico, incluido
yo mismo", fue la principal causa del accidente.
"Era la una de la tarde y la nieve estaba muy mal -continúa
Molina-. Cuando llegué a la Majada Alta de Argualas, con intención de
darme la vuelta, me quedé asombrado de ver tantísima gente por encima de
mí subiendo al Garmo Negro. Sobre todo, teniendo en cuenta la hora y las pésimas
condiciones de la nieve".
A pesar del elevado riesgo de aludes (4 sobre 5) que se había
pronosticado para la jornada del sábado en Panticosa, debido a la nevadas
de días pasados y a la fuerte subida de las temperaturas, más de una
treintena de montañeros se encontraba camino de la cumbre del Garmo Negro.
En torno a la una de la tarde, un enorme desprendimiento arrasó la
ladera de la montaña, bifurcándose posteriormente en dos direcciones y
sepultando a un total de doce personas: ocho en la zona más elevada del
alud y cuatro al final de la avalancha. Sólo cuatro deportistas del grupo
siniestrado iban equipados con ARVAS, un aparato electrónico que facilita
la recuperación de víctimas sepultadas por aludes de nieve.
Rapidez y eficacia
Los primeros en reaccionar fueron los montañeros que se hallaban
cerca del lugar y los propios accidentados que salieron del alud por sus
medios. Al rescate se incorporó poco después un grupo de militares de la
Brigada de Cazadores de Montaña, que se encontraba realizando prácticas
en esta zona. Entre todos consiguieron sacar a la mayoría de los
sepultados en pocos minutos.
Poco después aparecieron miembros de los Grupos de Rescate en Montaña
(GREIM) de la Guardia Civil de Panticosa, Jaca y Boltaña, que organizaron
la búsqueda con la ayuda de perros adiestrados. La última víctima
rescatada fue Richard Robles, que apareció con vida a pesar de llevar
cuatro horas sepultado bajo un metro y medio de nieve gracias a una bolsa
de aire. Richard fue evacuado rápidamente con graves síntomas de
hipotermia.
Tal y como nos contaba uno de los miembros del GREIM de Panticosa,
cuando llegaron al lugar de la avalancha 'había bastante confusión porque
no estaba claro cuánta gente seguía sepultada por la avalancha.
Organizamos rápidamente la búsqueda dividiendo en tres la lengua del
alud. En cada una se trabajó con un perro, y aunque nos parecía increíble,
casi cuatro horas después de producirse el alud encontramos con vida al último
montañero". Los expertos reducen al cincuenta por ciento la capacidad
de sobrevivir más allá de los primeros quince minutos, siendo casi nulas
las posibilidades de encontrar a una víctima con vida pasada una hora.
La rapidez fue clave para la evacuación de todas las víctimas. Se
avisó también al 112, que dispuso un helicóptero medicalizado en la
estación de Panticosa, con el que se trasladó a los heridos más graves a
hospitales de Huesca. Una evacuación no exenta de sustos, ya que durante
las tareas de rastreo, dos nuevos aludes estuvieron a punto de arrastrar a
los grupos de rescate que trabajaban en la ladera del Garmo Negro.
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