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REPORTAJES
Descubre tus 21 sentidos(ocultos) Gusto, vista, oído, olfato y tacto. ¿Son la única manera de percibir? Parece que no. A la ciencia le salen 21 sentidos Intenta hacer lo que te digo a continuación. Cierra los ojos. Ahora, extiende los brazos. ¿Cómo sabes dónde se han quedado? Luego, juguetea con los dedos. ¿Cómo sabes que se mueven? Después, vuelve a hacerlo todo, pero a la pata coja (recuerda que debes tener los ojos cerrados todavía). ¿Te has caído? Y si es así, ¿te ha dolido? Es bien sabido que tienes que agradecerle a tus sentidos poder desenvolverte en semejantes proezas, pero ¿a cuáles de ellos? Seguro que no son la vista, el oído, el gusto, el tacto ni el olfato. Aunque en el colegio todavía se enseña que hay cinco sentidos una idea que debemos a Aristóteles y que se ha filtrado a la cultura popular, este recuento no concuerda con la ciencia. Intenta coger un cubito de hielo con una mano y un hierro al rojo vivo con la otra, y dime que lo que sientes puede explicarse con los cinco favoritos. Vete a una feria, a una de esas atracciones que quitan el hipo, y dime que lo que sientes se debe a la vista, al oído y al tacto. En todo caso, apostaría a que tenías cerrados los ojos. Por tanto, seguro que hay algo más en la percepción que esas cinco categorías. En definitiva, ¿cuántos sentidos tenemos? De alguna forma, la respuesta depende de cómo dividamos nuestros sistemas sensoriales. Por ejemplo, podríamos clasificar los sentidos por la naturaleza del estímulo. En este sentido (nunca mejor dicho) hay sólo tres tipos, no cinco: químico (se siente por el gusto, por el olfato o internamente, como el nivel de glucosa en sangre), mecánico (tacto y oído) y luminoso (vista). Algunos animales tienen también electrosensibilidad, o un sentido magnético. Todos estos grupos de sensibilidad requieren tipos de sistemas sensoriales muy diferentes. Algo que se disuelve en la lengua y produce un olor que penetra en la nariz y que está contenido en un receptor es bastante diferente del movimiento mecánico de una célula pilosa del oído interno, y también de un fotón que alcanza la retina. Pero podríamos subdividirlos de otra forma, y definir un sentido como un sistema que consiste en un tipo de célula especializada que responde a una señal específica y que informa a una región particular del cerebro. Por ejemplo, el gusto podría no verse como un sentido, sino como cinco: dulce, salado, agrio, amargo y umami, una palabra japonesa que define el sabor del glutamato y que nos aporta nuestro sentido de sabor a carne. La vista podría verse como un sentido (luz), dos (luz y color) o cuatro (luz, verde, rojo y azul). En algunos animales hay células en la retina que responden sólo al movimiento. Hay quien podría considerar esto como otro sentido. Los neurólogos clasifican el dolor como cutáneo, somático o visceral dependiendo de dónde se siente, pero ¿quiere eso decir que hay diferentes sistemas sensoriales o solamente es cuestión de geografía en la superficie y dentro del cuerpo? Sentidos que no se sienten Estamos de acuerdo en que podemos sentir la temperatura, la presión, un golpe, la posición de las articulaciones (propriocepción), el movimiento corporal (cinestesia, o sentido muscular), el equilibrio y los sentimientos asociados a una vejiga llena, a un estómago vacío y a la sed. Pero hay otros sistemas de monitorización en el cuerpo de los que no podemos estar al tanto ni siquiera ligeramente; como, por ejemplo, sentir el pH del fluido cerebroespinal. Y vayamos al oído. ¿Se trata de un solo sentido o de muchos cientos, uno por cada célula pilosa coclear? Quizá sea exagerar un poco, pero es interesante comentar que podemos perder oído de altas frecuencias sin perder agudeza de bajas frecuencias, y viceversa. Así que quizá deberían ser tratados por separado. Cuanto más estudiamos la estructura de nuestros órganos sensoriales, más sentidos parece que tengamos. Pero aunque todo esto sea muy curioso, la sensación por sí sola no es realmente tan importante. Cuando hablamos de sentidos, lo que queremos decir es sentimientos o percepciones. De no ser así, no estaríamos funcionando por encima del nivel de una ameba o de una planta. La mayor parte de la naturaleza se las apaña con sólo dos sentidos, generalmente la luz y el tacto. Una planta que crece siguiendo aparentemente el movimiento del sol o la Venus atrapamoscas (Dionaea muscipula) cuando se cierra sobre un insecto reaccionan de forma meramente mecánica a un estímulo. Nosotros, por otra parte, vemos las luces y las sombras, pero percibimos objetos, espacios y personas, así como sus posiciones. Oímos sonidos, pero percibimos voces, música y tráfico. Olemos y gustamos una mezcla compleja de señales químicas, pero percibimos esa mixtura como un helado, una naranja o un filete. La percepción es el valor añadido que un cerebro organizado da a los datos sensoriales en crudo. La percepción va más allá de la paleta de sensaciones que implican a la memoria, las experiencias tempranas y los procesos del más alto nivel El fenómeno del guateque Lo que oyes, por ejemplo, no es sólo una simple suma de los sonidos que recoge cada
oído, sino una pintura bastante mejor. Varios procesos entran en juego, algunos de los
cuales permiten al cerebro identificar la dirección del ruido. Procesos incluso más
complejos nos permiten solapar un sonido cuando estamos prestando atención a otro. En el
bien conocido fenómeno del guateque, por ejemplo, hacemos caso omiso de
cualquier sonido extraño a la conversación de la que tomamos parte, pero podemos enfocar
rápidamente a alguien de la fiesta si menciona nuestro nombre. Lo que esto implica es que
estamos siempre oyendo el ruido ambiental, pero no estamos escuchándolo
permanentemente, excepto cuando ese ruido, de repente, adquiere significado. Nuestra
percepción va mucho más allá de la mera sensación. Lo principal es que cometemos un error al concentrarnos en los sentidos, e incluso al discutir sobre cuántos hay. Lo que importa es la percepción, y lo accesorio es la sensación. La mezcla sensorial Los humanos construimos un todo perceptible con los datos, lo que constituye una función cerebral superior. Es muy probable que el cerebro esté diseñado para hacer exactamente esa especie de mezcla sensorial como parte del camino hacia la percepción. Pregúntale a alguien que sufra migrañas si un olor determinado puede desencadenar su dolor de cabeza. Por supuesto, a comprender este asunto no ayuda mucho la confusión en la nomenclatura. Algunas cosas comúnmente etiquetadas como sentidos no lo son en absoluto cuando decimos sentir la pérdida, tener un sexto sentido, etcétera, pero quizá el ritmo circadiano sí debería ser incluido. ¿O quizá forma más bien parte de la percepción que del sentido? En fin, que se puede decir que hay al menos 21 sentidos, y posiblemente muchos más. Como es habitual, la ciencia está abocada a discutir las
creencias cotidianas y a dar la impresión de ser contraintuitiva. Somos muy conscientes
de nuestra visión, olfato, tacto
así que no importa que parezcan, en principio,
irracionales. Pero los sentidos podrían ser destinados algún día a la
papelera científica, como le paso al flogisto. quo
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