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REPORTAJES
Robinho, con su madre. / AP La rentabilidad de los secuestros MADRID.- El secuestro de la madre del joven delantero brasileño Robinho, que
parece tener un pie y medio en el Madrid, confirma que una tenebrosa 'industria' crece a
la par que los contratos de los futbolistas en los últimos 41 años. Una historia tan
antigua como actual, que se repite desde que el fútbol se convirtió en un modo de
escapar de la pobreza. Desde el secuestro de Di Stéfano en 1963 hasta el de la madre de
Robinho, un valor seguro en el futuro inmediato, su práctica no ha hecho sino aumentar. La 'saeta rubia fue liberado dos días después cerca de la embajada española, y si su secuestro no tenía mayor objetivo que el de dar a conocer al grupo, desde entonces muchos criminales entendieron que el crimen paga, pues de exigir el equivalente a un puñado de dólares, han pasado a fijar en decenas de miles de dólares el precio por sus víctimas. Años más tarde, España permaneció en vilo durante casi un mes al enterarse de la captura del delantero del barcelona Enrique Castro, 'Quini', que permaneció en cautiverio 25 días desde el 1 de marzo de 1981. Sucesos extraños y misteriosos, que pronto comenzaron a afectar no sólo a los futbolistas sino también a sus familiares. Como el del hermano del defensa georgiano Kakha Kaladze, Levan, estudiante de medicina, capturado el 23 de mayo de 2001 y por cuya liberación los delincuentes pidieron un rescate de 600.000 dólares. Raptos relámpago En Brasil, un hecho similar se registró el 2 de mayo de 1994, cuando Edevair de Souza, padre del goleador Romario, desapareció cuando abandonaba un restaurante de su propiedad. Los captores exigieron el pago de un rescate de siete millones de dólares, pero una operación policial acabó con el secuestro, el 8 de mayo, y el arresto de los delincuentes. Desde entonces, varios futbolistas han denunciado "raptos relámpago", que tienen por objeto pasear a la víctima por varios cajeros automáticos y obligarlos a sacar dinero de sus cuentas. En Argentina, un secuestro cada mes y medio En Argentina, cada mes y medio se produce un secuestro de alguien relacionado con el fútbol, o al menos se intenta, según un estudio. Futbolistas, técnicos, directivos o familiares han sido blanco de los secuestradores en una veintena de casos entre enero de 2002 y agosto de 2004. Entre los más recientes casos destacan la retención durante 24 horas de un hermano del Juan Román Riquelme, la del padre de Leonardo Astrada, entrenador del River Plate, así como la de Jorge Milito, progenitor de los futbolistas Diego y Gabriel, hoy en Italia y España, respectivamente. Por la liberación de Cristian Riquelme, de 17 años, su consagrado hermano pagó 120.000 dólares. Milito, por cuya libertad exigían 200.000 dólares, fue liberado al día siguiente, sin que se confirmara si su familia pagó el rescate. Y en México, el padre del ex guardameta de la selección absoluta Jorge Campos, Álvaro, fue retenido el 17 de febrero de 1999 y liberado el día 23. En los países más desarrollados de Europa tampoco se libran de la amenaza. En noviembre de 2002, cuando David Beckham aún militaba en el Manchester, la policía británica desbarató un plan de secuestro de Victoria Adams, su esposa. Otro suceso parecido se produjo en Alemania, cuando la policía frustró los planes de tres individuos de secuestrar a la hija y la esposa del futbolista Mathias Sammer. Aunque no hace falta salir de España para saber que en los países de la Unión existe tanto riesgo como en otros continentes. No hace mucho, cuando aún jugaba en el Barça, Iván de la Peña se vio obligado a huir en su coche al sospechar que le estaban siguiendo. El garaje de su casa le salvó.
EL M¡UNDO
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