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¿Quién dijo que el deporte es sano?
A veces es mejor tumbarse en el sofá que pasarse con los abdominales. Porque
ABUSAR DEL EJERCICIO puede llegar a ser peligroso.
Más lejos, más alto, más fuerte. El viejo lema
olímpico se está haciendo realidad de forma escalofriante, y el deporte
de competición se ha convertido en un espectáculo que mueve miles de millones de euros.
Solo el fútbol genera 300.000 millones de euros anuales.
Una batalla económica en la que son los deportistas quienes pagan los platos rotos,
obligados a realizar hazañas sobrehumanas para batir récords y justificar de ese modo
los ceros que se amontonan en sus contratos. Sería perfecto si no fuera porque tales
esfuerzos someten a sus cuerpos a un desgaste que puede llegar incluso a matarles. ¿Pero
el deporte no era sinónimo de salud
Al borde de un ataque de nervios
El deporte
de competición nunca ha sido saludable, porque exige llevar el aparato cardiovascular y
el locomotor al límite. lo que compromete la salud,
responde el doctor Carlos González de Vega, director del centro de medicina deportiva
Medyr.
La alta competición mantiene hoy unas marcas que parecen propias de superhéroes, pero no
de los mortales comunes. Sin embargo, con un entrenamiento salvaje, presión, apoyo
técnico y psicológico y, si es preciso, dopando el cuerpo, se consigue burlar la
frontera de los límites del organismo humano. Pero la lucha por ser el primero no sale
gratis.
La tensión y las presiones se reflejan en el estado de ánimo de los profesionales, y el
abatimiento se ha convertido en un problema común entre los deportistas de élite. Vivir
bajo un estado de estrés continuado hace más vulnerable el sistema inmunitario de los
atletas, lo que supone un riesgo mayor de padecer diabetes, hipertensión, accidentes
cardiovasculares, cefaleas, náuseas, fiebre, etc.
Además, muchos estudios han demostrado la relación estrecha que existe entre el factor
psicológico y la lesión, así como el impacto emocional de un traumatismo en el
deportista de élite. De acuerdo con las investigaciones de los psicólogos deportivos
Mark B. Andersen y Jean Williams, de la Universidad de Victoria (Nueva Zelanda): Un
deportista con un historial de factores de estrés tendrá un índice más alto de
vulnerabilidad a la lesión.
Cuando el cuerpo hace "crac"
La consecuencia física de toda esa tensión acumulada es
el riesgo de sufrir una lesión. Los tenistas sufren a menudo de epicondilitis lateral,
también conocida como codo de tenista, que provoca un intenso dolor en la parte externa
del codo; y los golfistas padecen una lesión similar: epicondilitis media, o codo de
golfista. Entre los futbolistas, las lesiones
más habituales son los esguinces y las tendinitis. Unos dolores que se vuelven
recurrentes y casi crónicos cuando el deportista no cumple los plazos de descanso
prescritos, algo muy frecuente entre los profesionales, dadas las exigencias de su
calendario.
No obstante, la ciencia trabaja contrarreloj para conseguir regenerar los tejidos
deteriorados por una lesión muscular o una fractura ósea en un tiempo récord.
En esta batalla contra la posibilidad de perder o de quedarse fuera de juego, muchos
jugadores han llegado a la extenuación. Así, en Montreal, en 1976, el gimnasta japonés
Shun Fujimoto ocultó su rotura de pierna para participar en una complicada prueba
olímpica con anillas, y en 1984, la suiza Gabriela Andersen concluyó la prueba de
maratón deshidratada y con parte del cuerpo paralizado por los calambres. La ex gimnasta
Nadia Comaneci vive hoy con graves problemas en la columna vertebral, y Carl Lewis padece
una artrosis progresiva.
Muy pocos deportistas de élite gozan de una jubilación sana. Dos estudios recientes
indican que la mitad de los jugadores retirados de la National Football League, cuyo peso
es superior a los 160 kilos, padece síndrome metabólico, y su propensión al
agrandamiento cardíaco es un 50% mayor de lo habitual. Este grupo de hombres, igual
que los luchadores de sumo, son también más propensos a la hipertensión arterial,
obesidad, colesterol alto y diabetes. El jugador Thomas Herrion, por ejemplo, murió
recientemente a los 23 años a causa de una afección cardíaca que le bloqueó una
arteria coronaria.
Secuelas de un golpe en la
cabeza
Cuál puede ser la consecuencia de ser
arrollado de forma continuada por una mole humana de casi 200 kilos de peso? Pues, a largo
plazo, el riesgo de padecer graves daños cerebrales y pérdidas de la memoria; secuelas
que son tristemente habituales entre los jugadores profesionales de rugby y fútbol
americano. Pero además, los médicos advierten de que el impacto de al menos tres
contusiones en la cabeza duplica el riesgo de padecer depresión, incluso veinte años
después de haber sufrido dichas lesiones.
Una advertencia que se ha visto recientemente confirmada por un estudio realizado por la
Asociación Americana de Cirujanos Neurológicos. Tras examinar a 2.000 jugadores de
fútbol americano retirados, los especialistas comprobaron que 263 padecían depresión.
Además, más de la mitad sufre dolores crónicos derivados de sus lesiones musculares y
de las roturas de huesos.

La muerte aparece en el horizonte
No solo la carrera de cualquier deportista de élite es
corta, sino que además las estadísticas reflejan también que su longevidad es inferior
a la esperanza de vida de un ciudadano normal. Ahí están, por ejemplo, los casos del
jugador de baloncesto Hank Gathers y del astro del volley playa Flo Hyman, quienes
fallecieron por muerte súbita.
Según el estudio realizado en la Universidad de Washington, en Seattle, la causa
principal de muerte súbita entre los atletas de más de 35 años es la
arteriosclerosis de las coronarias, una enfermedad provocada por el endurecimiento de
estas arterias, causado por el desarrollo excesivo de la musculatura. En cambio, en los
deportistas más jóvenes el fenómeno de la muerte súbita se debe a otro
tipo de causas, generalmente afecciones cardíacas congénitas (sin detectar) que se
agravan por la dureza del esfuerzo físico.
Porque los especialistas médicos coinciden en afirmar que los deportistas de élite
fuerzan su corazón más allá de los límites aceptables, lo que aumenta
considerablemente el riesgo de sufrir un infarto. Así, el doctor Jean-Pierre de
Mondenard, ex médico del Tour, afirmó hace tiempo: Es difícil que un ganador de
esta competición viva más de 60 años.

La hormona mágica. Gracias a la eritropoyetina (EPO), un corredor puede
mejorar sustancialmente sus marcas
Por si todo esto fuera poco, el riesgo de muerte prematura
aumenta por causa de una de las grandes lacras del deporte
contemporáneo: el dopaje. Y es que los deportistas que abusan de las sustancias
prohibidas para aumentar su rendimiento físico, además de violar las normas éticas de
las competiciones y traicionar la confianza del público que les admira, de paso están
deteriorando también gravemente su salud.
La muerte por dopaje fue un tema tabú durante muchos años, hasta que, en la década de
1960, fallecieron los ciclistas Knud Kensen y Tom Simpson. La alarma empezó a desatarse
irremediablemente con la muerte de otros dieciocho ciclistas belgas y holandeses entre
1989 y 1990 por consumo de eritropoyetina (EPO), y el fallecimiento por cáncer hepático
y renal del discóbolo húngaro János Faragó. Las confesiones de su colega sueco Ricky
Bruch, en las que reconocía los estragos que los esteroides anabolizantes habían causado
en su cuerpo hecho trizas que le provocaron un sinfín de secuelas hepáticas y
cardíacas también trajeron cola. En la lista de inmolados, desde entonces
interminable, figuran nombres de mujer, como la atleta Birgit Dressel, cuyo organismo
mortificado por el abuso de los esteroides no fue capaz de soportar una simple inyección
contra el lumbago
Mercado negro en los vestuarios
Un 65% de los deportistas de élite consume sustancias
prohibidas. Son cifras facilitadas por la Agencia Mundial Antidopaje (AMA), que asegura
que el ciclismo es el deporte
en el que esta práctica es más habitual, ya que solo en el año 2005 se detectaron 428
casos positivos. Lo siguen en esta triste clasificación el béisbol, con 390 casos, y el
fútbol, con 343. Pero ¿cuáles son las sustancias prohibidas que más se usan?
ERITROPOYETINA (EPO). Hormona que aumenta el nivel de oxígeno en la sangre, lo que
duplica la resistencia física. Se sospecha que muchos ciclistas y corredores de fondo la
consumen mediante transfusiones.
LA TERAPIA GÉNICA. Consiste en introducir en el organismo un gen sintético que
produzca EPO de forma natural. Los experimentos con ratones han demostrado que el número
de glóbulos rojos encargados de transportar oxígeno se multiplica por diez. Este tipo de
dopaje no se detecta con los análisis de sangre y orina convencionales, por lo que
resulta necesario realizar una biopsia de los músculos para rastrear el gen trucado.
ANABOLIZANTES. Son hormonas que provocan un aumento de la masa muscular, aunque
como contrapartida provocan la esterilidad de los varones y la masculinización de las
mujeres.

A Floyd Landis, ganador del Tour 2006, le han
amargado la victoria al detectarle niveles anómalos de testosterona en sangre.
Ponerse en forma
sin morir en el intento
No hace falta ser un atleta de élite para sufrir lesiones. Descubre los riesgos que amenazan al deportista aficionado
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