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REPORTAJES

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Piratas en el mercadillo

Un teléfono móvil de última generación por 100 euros, un ordenador portátil por 300 o un equipo completo de palos de golf por 60. Los mercadillos que jalonan nuestro litoral en verano no sirven sólo para comparar chanclas, melocotones o sombrillas: venden objetos robados a diez veces menos de su valor

Valencia, 10 de la mañana de domingo en las inmediaciones del campo de fútbol de Mestalla. Un individuo alto, delgado y rubio, vestido con mono azul, se acerca disimuladamente a dos señoras de mediana edad con pinta de extranjeras: “¿Teléfono, cámara digital?”, pregunta, con acento de europeo del Este. “No, thank you”, contestan ellas.

El sujeto se va sin frustración: esta vez no vendió, pero sabe que dentro de un rato encontrará comprador entre cualquiera de las miles de personas que se citan cada semana en el mercadillo municipal de la plaza de Luis Casanova y que atrae como un imán tanto a vendedores legales como a peristas de todo tipo.

Hace tiempo, cuando alguien sufría el robo del radiocasete del coche, las herramientas de un taller o de una obra, era vox pópuli que se podía recuperar lo sustraído esperando a las 6 de la mañana del domingo siguiente para, con atención, buscar los robado entre las ofertas disponibles del día en cada paraeta (tenderete) del mercadillo de la plaza.

Hoy, en su nueva ubicación, poco ha cambiado: se ha hecho imprescindible la autorización municipal para poner la paraeta, pero los vendedores de objetos robados siguen, aunque ahora son más numerosos los extranjeros y trabajan en las inmediaciones. Hoy es fácil obtener un ordenador portátil con un procesador rapidísimo por 300 euros, cuatro veces menos que su valor de comercio; o un móvil libre, que en una tienda de telefonía cuesta en torno a los 400 euros, por 100. O una bolsa de palos de golf por 60 euros, cuando cuesta 400 o más en las tiendas especializadas. Todo barato y todo robado días antes en cualquier chalé de las urbanizaciones que salpican en litoral mediterráneo, que sufre una intensa oleada de robos. A los tenderetes van a parar los objetos y bienes robados por las bandas de delincuentes que asaltan chalés en la Costa Blanca, a razón de 600 robos diarios. Los investigadores han identificado plenamente el origen de bandas organizadas, la mayoría de ellas procedentes de países del Este europeo –Rumanía, Rusia y los territorios balcánicos bajo control de Naciones Unidas, como Kosovo y Albania– que, tras cometer los asaltos, distribuyen parte del botín por mercadillos de toda la costa. Son delincuentes que actúan en grupos de cuatro o cinco individuos, con violencia, a plena luz del día y que entran en las casas con las familias dentro, les roban lo que pueden y se van.

“Las víctimas –dice un portavoz policial– encuentran luego lo robado en puestos ambulantes y los cómplices de los asaltantes les ofrecen alegremente lo que les han quitado”. Policía y Guardia Civil coinciden en que los métodos para rentabilizar los botines son diversos y obedecen al propio origen de los delincuentes. Los albano kosovares, por ejemplo –considerados los más violentos, con ex militares o ex milicianos que disponen incluso de pasaporte diplomático–, tienen, según la policía, muchas difi cultades para integrarse. “Fallan con el idioma, les gusta la acción y tienen claro cuáles son sus prioridades en los asaltos: el dinero en metálico y las joyas, tanto piedras preciosas como oro. Están perfectamente estructurados; pero muchas veces les ciega la codicia y buscan la manera de convertir el botín en dinero rápido: aquí es dónde entran en juego los mercadillos”.

Los albano-kosovares, los más peligrosos

La policía ha identificado en la Comunidad Valenciana a cerca de una veintena de ellos en los que se venden objetos robados, si bien sólo cinco son realmente especiales: La Nucia, Jalón, Pedreguer, Teulada y el de la ciudad de Valencia. Hay más, pero, por alguna razón, éstos son los favoritos para la venta de mercancía sustraída, lo que no significa que todo lo que se vende en ellos tenga un origen ilícito. Es más, algunos tienen años de historia y otros, como los de Jalón y La Nucia, son famosos por su oferta de antigüedades. Según la policía, los albano kosovares emplean a magrebíes para sus asaltos, en labores de vigilancia e incluso como asistencia personal. Éstos, a cambio, se quedan parte del botín –cosas de menor valor y más difíciles de vender, como teléfonos móviles o DVD, pero también zapatos o secadores de pelo–, montan su paraeta y saben a quién colocar las gangas que esconden bajo la mesa. Los ayuntamientos prohíben la venta  ambulante diaria en casi todos los municipios, pero autorizan los clásicos mercadillos en sábado y domingo –una licencia en el de La Nucia, por ejemplo, cuesta cinco euros–, sabedores de que atraen a miles de turistas en medio de un bullicio idóneo para eludir el control policial, aunque los expertos saben dónde buscar: “Intentan disimular tanto que al final se delatan”, dice un curtido policía, mientras señala a uno de ellos, apodado El Paisa, que llevaba a cabo una venta en directo. “Tanta precaución es como lucir un farolillo rojo”, añade el agente. Por su parte, la Guardia Civil admite: “Si se solicitara a los vendedores que acreditasen el origen de muchas de las cosas que venden, saldrían cientos de objetos decomisados y seguramente otros tantos detenidos”.

Pero las policías locales bastante tienen con organizar el caos de gente y coches que se monta en cada pueblo como para ir más allá, si bien excepcionalmente consiguen algún éxito: en Valencia recuperan cada semana infinidad de objetos robados –que almacenan bajo el control de un oficial del GOE (Grupo de Operaciones Especiales)– y hasta armas, como las ocho pistolas que descubrieron hace poco en el rastro de Mestalla. El mercadillo de Jalón abre todos los sábados y aparece en todas las guías turísticas por sus excelentes antigüedades. Allí se puede encontrar desde un escritorio del siglo XV a auténticas insignias nazis, puestas a la venta por octogenarios germanos que quizá las lucieron en otros tiempos, y que han encontrado en las comarcas alicantinas un refugio para olvidar. Pero cuando se pregunta a alguien por el origen de su mercancía, se menta la bicha. La unidad especializada en arte de la Guardia Civil ha descubierto auténticas joyas, y no todas robadas. En otros casos, la fama es más dudosa: en Guardamar del Segura (Alicante), un mercadillo fue desmantelado por la Guardia Civil hace cuatro años –tras un reportaje aparecido en esta revista en el que se informaba que lo mismo se podía comprar una hormigonera que unos prismáticos robados horas antes– y es ahora propiedad de un particular, que contrata como vigilantes a forzudos eslavos.

Ya  no se venden allí objetos robados, pero sólo hace falta darse una vuelta de madrugada, cuando aún está oscuro, por el monte circundante para ver decenas de linternas de compradores y vendedores intercambiando mercancía. Y luego hay también quien aprovecha los rastrillos para ganarse la vida con ola picaresca: a no muchos kilómetros de Guardamar, en La Zenia (Orihuela), hay un pequeño mercadillo particular donde sólo venden europeos. A la puerta, un grupo de magrebíes se encarga de cobrar un euro a cada visitante no español que quiera entrar a curiosear. Así, se sacan un dinero sin tener necesidad de hacer el menor esfuerzo. INTERVIU

 

 

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